Heredó un negocio familiar de almohadas de segunda mano. Y descubrió que en ellas quedaban restos de sueños.
Se enganchó rápidamente. Se hizo completamente adicto. Tenía un negocio familiar de almohadas de segunda mano, donde no vendía almohadas, sino las compraba. Pronto incluso, no fue suficiente.
Abandonó el negocio, y la ciudad, y recorrió el continente arañando las ventanillas de los autobuses, los asientos de los trenes, los respaldos de las sillas de las salas de las grandes conferencias. Camas de hospitales, iglesias, hombros de agentes de negocios, hamacas, hoteles...
Fue feliz cuando encontró aquella guardería. Se colaba allí todos los días después de la siesta.
Fue acusado de no sé qué. Nunca supo muy bien porqué acabó en la cárcel.
Lo asesinaron una tarde en la lavandería. Estaba teniendo un sueño precioso en el cual, mataba a un montón de hijos de puta.