En China, cuando estornudan, personas y dragones deben cubrirse la boca con un pañuelo o pajarita de papel. Así se evitan los huracanes al otro lado del planeta.
De la misma manera, se procede al exterminió de las mariposas.
martes, 30 de marzo de 2010
SOLIDARIDAD con OAXACA. O de cuando Luis y yo comenzamos a arreglar el mundo
Era Oaxaca. Martes de calor de gafas de sol y paletas de leche sabor guayaba.
Yo fotografiaba la fachada de la catedral de Santodomingo. Luis introducía un peso en la máquina para encender una tecno-vela. La catedral era preciosa. Cuando se me acercaron dos niños. hermanos. chico y chica.
Eran morenitos, asi que quise pensar que eran indígenas.
-Luis ven a ver esto. Niños indígenas.
-Qué bien. Orita no más, encendía una tecno-veladora para pedir por sus almas.
Platicamos con los niños hermanos indígenas. Jugámos con ellos. reimos. fue divertido. Y muy intenso.Demasiado. Nos inmortalizamos en una foto los cuatro. Me enamoré de aquellos niños indígenas. Pasados estos tres minutos, nos teníamos que ir. El museo Maya nos esperaba. Más sin embargo, nos sobrevino entonces, un sentimiento de amor infinito.
-Luis, no podemos irnos así.
Nos habíamos enamorado.
Era una idea alocada. Pero sincera. Y sobretodo, ideal. Una idea ideal.
-Nos los llevamos con nosotros, Luis.
-creo que sí.
-tenemos mucho amor, Luis y debemos compartirlo.
-además, la parejita. Es perfecto.
-bueno... no
Aquellos niños indígenas merecían ser felices. Más teniamos que elegir. Si bien teníamos mucho amor que dar, infinito, no era suficiente para los dos. Solo teníamos pamor infinito para uno.
-Que difícil decisión, Luis.
El hermano tenía las manos sucias. De Sobritas o algo igual de naranja.
Finalmente nos llevamos a la niña. Un niño con las manos limpias está más predispuesto a la felicidad, pues.
Gozamos así, los tres, de aquella felicidad incondicional. Tenían que haber visto la cara de aquella niña indígena. Nunca había sido tan feliz.
Visitamos el museo Maya. Comimos tlayudas, chocolate de nuez. Bebimos mexcal de gusano.
Esa misma tarde pensamos en el futuro de la niña. Nuestro amor era incondicional, pero nos dimos cuenta que era muy egoista quedárnosla para nosotros solos. Debíamos compartirla.
-que difícil decisión, Luis.
La opción más acertada era donarla a un orfanato. Ahí siempre necesitan niños. Haríamos feliz a más gente.
Quizás sea de las decisiones más difíciles que hemos tomado nunca. No queríamos ser egoistas. El amor incondicional no es egoista.
En ese momento Luis me sorprendió. Siempre lo hace en los momentos difíciles.
Desechamos lo del orfanato. En su lugar llevamos a la niña con una familia indígena oaxaqueña.
Nos sentimos muy bien sabiendo que contribuíamos a arreglar nuestro mundo. Nuestro pequeño granito de arena.
¿Saben? Con una sola niña, una familia indígena come sin problemas durante tres meses.
Yo fotografiaba la fachada de la catedral de Santodomingo. Luis introducía un peso en la máquina para encender una tecno-vela. La catedral era preciosa. Cuando se me acercaron dos niños. hermanos. chico y chica.
Eran morenitos, asi que quise pensar que eran indígenas.
-Luis ven a ver esto. Niños indígenas.
-Qué bien. Orita no más, encendía una tecno-veladora para pedir por sus almas.
Platicamos con los niños hermanos indígenas. Jugámos con ellos. reimos. fue divertido. Y muy intenso.Demasiado. Nos inmortalizamos en una foto los cuatro. Me enamoré de aquellos niños indígenas. Pasados estos tres minutos, nos teníamos que ir. El museo Maya nos esperaba. Más sin embargo, nos sobrevino entonces, un sentimiento de amor infinito.
-Luis, no podemos irnos así.
Nos habíamos enamorado.
Era una idea alocada. Pero sincera. Y sobretodo, ideal. Una idea ideal.
-Nos los llevamos con nosotros, Luis.
-creo que sí.
-tenemos mucho amor, Luis y debemos compartirlo.
-además, la parejita. Es perfecto.
-bueno... no
Aquellos niños indígenas merecían ser felices. Más teniamos que elegir. Si bien teníamos mucho amor que dar, infinito, no era suficiente para los dos. Solo teníamos pamor infinito para uno.
-Que difícil decisión, Luis.
El hermano tenía las manos sucias. De Sobritas o algo igual de naranja.
Finalmente nos llevamos a la niña. Un niño con las manos limpias está más predispuesto a la felicidad, pues.
Gozamos así, los tres, de aquella felicidad incondicional. Tenían que haber visto la cara de aquella niña indígena. Nunca había sido tan feliz.
Visitamos el museo Maya. Comimos tlayudas, chocolate de nuez. Bebimos mexcal de gusano.
Esa misma tarde pensamos en el futuro de la niña. Nuestro amor era incondicional, pero nos dimos cuenta que era muy egoista quedárnosla para nosotros solos. Debíamos compartirla.
-que difícil decisión, Luis.
La opción más acertada era donarla a un orfanato. Ahí siempre necesitan niños. Haríamos feliz a más gente.
Quizás sea de las decisiones más difíciles que hemos tomado nunca. No queríamos ser egoistas. El amor incondicional no es egoista.
En ese momento Luis me sorprendió. Siempre lo hace en los momentos difíciles.
Desechamos lo del orfanato. En su lugar llevamos a la niña con una familia indígena oaxaqueña.
Nos sentimos muy bien sabiendo que contribuíamos a arreglar nuestro mundo. Nuestro pequeño granito de arena.
¿Saben? Con una sola niña, una familia indígena come sin problemas durante tres meses.
miércoles, 3 de marzo de 2010
Cuando una extranjera entra en una ferretería y pide el plato típico del pais
Ocurrió que entró de forma acelerada en la ferretería, pidiendo a gritos unos tacos. los ferreteros le mostraron distintos tipos de herramientas manuales para el uso general de doblado y moldeado de tuberías.
-¡no, joder! tacos, estos de las paredes, de los de así
Aquella madrileña (vallecana, me atrevería a decir) no se percató de que al revés, sería una mexicana (chilanga, quizás) entrando a una ferretería pidiendo, muy amable y de manera exquisitamente educada, por favor, unos pinchos de tortilla de patata.
-¡no, joder! tacos, estos de las paredes, de los de así
Aquella madrileña (vallecana, me atrevería a decir) no se percató de que al revés, sería una mexicana (chilanga, quizás) entrando a una ferretería pidiendo, muy amable y de manera exquisitamente educada, por favor, unos pinchos de tortilla de patata.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
